jueves, 6 de mayo de 2010

Candida Höfer













Exposición individual de Candida Höfer, una de las más destacadas representantes de la Escuela de Düsseldorf, que ofrece una selección de sus trabajos de los últimos cuarenta años en un montaje realizado en colaboración con el prestigioso estudio de arquitectura Kuehn Malvezzi.
Formada en la Werkkunstschule de Colonia antes de ingresar, en 1973, en la Kunstakademie de Düsseldorf, donde permanece hasta 1982. Durante su estancia en esta institución, Candida Höfer estudia primero la disciplina cinematográfica junto a Ole John, especializándose, a partir de 1976, en fotografía con Bernd y Hilla Becher. En la actualidad, está considerada como uno de los miembros más representativos, junto a Thomas Struth, Andreas Gursky, o Thomas Ruff, de la Nueva Escuela de Fotografía Alemana, surgida en el final de la década de los ochenta.
Siguiendo el método de trabajo iniciado por sus maestros, sus fotografías muestran un interés casi etnográfico por la multiplicidad de formas de presentación de la cultura contemporánea, relacionándose de un modo muy particular con los escenarios donde se desarrolla la sociedad y el conocimiento, principal objeto de su fotografía desde la década de los ochenta. A lo largo de su trayectoria la artista ha concentrado progresivamente su producción en la captación de diferentes tipologías de interiores de espacios públicos o semi-públicos, como librerías, palacios, museos, oficinas, universidades, bibliotecas, cafeterías, iglesias, recintos deportivos o zoológicos.
Sus composiciones, generalmente de formato medio, están realizadas con una rigurosidad y simplicidad cercana a la tradición minimalista, presentando imágenes limpias y neutras en las que la iluminación artificial de los espacios suele converger con la natural filtrada por las ventanas.
La artista no emplea el retoque, los lugares se muestran tal y como son. La leyenda de las fotografías persigue esta misma idea de claridad compositiva: con brevedad y precisión se identifica el espacio o edificio representado, su función, su ubicación, y la fecha de realización de la fotografía.
El resultado es la creación de una atmósfera fotográfica sosegada y sencilla, muy atrayente para el espectador. Höfer no pretende ni mitificar ni agraviar el espacio, sino únicamente plasmar los lugares con su carga histórica, por pequeña y particular que ésta sea, en el momento contemporáneo.
Pese a haber reconocido en varias ocasiones su fascinación por la conducta humana, en las fotografías de Candida Höfer no hay rastro alguno de ello. Así, la artista retrata las salas vacías, tomando siempre el punto de vista del hipotético espectador -los espacios parecen listos para empezar a acoger a sus ocupantes habituales. Lejos quedan imágenes tempranas como Liverpool de 1968 o Türken in Deuschtland de 1980, donde sí se observaba la presencia física de personajes aislados.
La artista ha reconocido su intención de apresar, mediante esta maniobra "deshumanizadora", el carácter aurático y revelador de los espacios representados. En este contexto, los objetos parecen desplegarse mágicamente de su espacio habitual, abandonando los límites físicos de la representación para mostrar las huellas depositadas por el tiempo, dejando a su vez al descubierto el modo de construir y adecuar un lugar por los individuos de nuestro tiempo.

No por reiterada deja de ser gratificante una cita con la fotografía de Candida Höfer (Eberswalde, Alemania, 1944). Es verdad que en cualquier casa de coleccionista o museo resulta habitual ver sus trabajos, siendo también uno de los nombres más invitados a fotografiar iconos arquitectónicos de distintas ciudades. En España son muchos los ejemplos, y el último de ellos es Galicia que, en este año Xacobeo, la ha invitado a fotografiar sus bibliotecas, aunque curiosamente nada tiene que ver ese proyecto con esta exposición itinerante que acoge el MARCO.Candida Höfer ha sabido buscar las cualidades intangibles de lo arquitectónico en cada registro, como tradicionalmente ha buscado el pintor de retratos, procurando penetrar en el interior de la arquitectura. Lo logra con un enfoque sencillo, frío, evitando lo extremo, y con una naturalidad en el color y en la luz que parece no mostrarnos casi nada aún mostrando casi todo. Siempre a partir de una tensión que esquiva lo dramático para mostrarse serena, como quien vacía lo congestionado para tornarnos cómplices de la imagen. La quietud, el silencio y, sobre todo la distancia, invitan a que la mirada transite por el lugar.El verdadero logro de Candida Höfer es conseguir llamar la atención con algo tan poco llamativo. Tal vez todo esto sucede porque hay algo de profanación que hace que nos sintamos partícipes de ese quebranto de la intimidad. Lo advertimos en su magnífica serie Türken in Deutschland, de finales de los setenta, donde se introduce en las casas o en la vida cotidiana de unas personas que hoy ya no habitan sus fotografías pero que han dejado un poso, una pátina. El aspecto anacorético de algunas habitaciones se corresponde con la quietud amable y críptica de los personajes retratados, detenidos en una suerte de paréntesis.
La exposición, que incluye proyectos desde los años sesenta a partir de un cuidado y acertado montaje, se justifica en el acierto de comparar esas primeras imágenes legadas por Candida Höfer y las de su etapa actual, más conocidas. Se advierte así su intención de temperar la fotografía, como quien afina un piano, buscando ir más allá de la imagen aun manteniendo intacto ese contacto con lo real. En la muestra conseguimos ver cómo, ya sean fotografías de interiores, de exteriores o de personas, siempre ha existido en su mirada una tendencia a la introversión y a la elipsis, como si buscara arrancar el tiempo de los espacios. Y es verdad que aquí descubrimos cómo cada espacio tiene su propia historia y se inscribe en un contexto temporal y cultural. De ahí que el exacto silencio de cada imagen nos permita desplegar el tiempo preciso, dejando que ésta nos seduzca en su profundidad y nos indique el tiempo y el lugar de ese acto.





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