
Irrumpió en el panorama artístico a principios de la década de los ochenta,
llamando la atención de la crítica con sus manipulaciones de objetos
encontrados. Desde entonces, tanto en sus esculturas como en sus
instalaciones,
se ha querido ver cierta actitud postvanguardista. Después de
haber sorprendido
a parte de la crítica en la Bienal de Pontevedra, 1989 fue
el año de la
presentación de Jorge Barbi en Madrid.
Desde principios de los años ochenta, Jorge Barbi adopta el viaje, el paseo, como método de trabajo para la observación de una geografía que conoce bien y de la que sabe extraer un amplio repertorio de restos y accidentes, una cartografía exhaustiva del paisaje y de los elementos cambiantes que lo conforman. La naturaleza le proporciona toda una serie de objetos y lugares de los que se apropia, tanto por su carga energética como por la posibilidad de incorporar nuevos valores simbólicos. El ejercicio del paseo y la observación cotidiana de animales, piedras, algas, plantas, excrementos, trozos de madera y también otros objetos de naturaleza inorgánica, convierten a Barbi en una especie de científico que registra minuciosamente sus transformaciones y desplazamientos, que más tarde, y a partir de un proceso lento y minucioso, convierte en fragmentos poéticos y enigmáticos.
En ella hemos encontrado varios cuadros y esposiciones muy interesantes que representaban a su trabajo, a sus rutas turisticas, a su vida cotidiana.
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Para algunas personas esta obra puede parecer repulsiva, bonita o una forma de expresar sus sentimientos.




















